MILAGROS HERNÁNDEZ CHILIBERTI: ESE SER MARAVILLOSO QUE CREE EN EL MISTERIO

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EXORDIO

 

MILAGROS HERNÁNDEZ CHILIBERTI: ESE SER MARAVILLOSO

QUE CREE EN EL MISTERIO 

POR

CARLOS GARRIDO CHALÉN

“Yo soy ese ser que cree en el misterio”, el poemario de la prestigiosa poeta y lingüista venezolana Milagros Hernández Chiliberti, que obtuviera por su mérito, la segunda presea del Primer Premio Mundial de Literatura “Municipalidad de Aguas Verdes”, Versión Poesía 2008”, es, por su intensidad, sentimiento, ritmo interior y fuego innato, uno de los libros más brillantes, que se han escrito en el Continente en la última década.

En él, Milagros Hernández  Chiliberti, Presidente Colegiada de la Unión Hispanoamericana de SorGalim - Ingeniera de SueñosEscritores, ogra galopar con gran talento, territorios del desconcierto de los que sale invicta pletórica de sueños. Cree volar y vuela. Cree amar y ama. Cree caminar y lo que hace es prestar sus alas para que otros vuelen, caminando. Porque en definitiva es ella y los que lo rodean; los que la rodean y ese mundo maravilloso que acuna en sus entrañas de tanto entrar y salir de la ternura.

En “Yo soy ese ser que cree en el misterio”  la poesía, se convierte en una sinfonía de sonidos que su autora inventa para celebrar la fiesta que habita en sus vertientes, en su regazo de hembra invulnerable, pero a la vez propensa a la sensibilidad más absoluta. Es por eso celebración que contagia, navío de oro que invita a un abordaje, que con seguridad, no comprenderán jamás los que no tienen alma y los abate el egoísmo.

Eres ese ser que cree en el misterio,

que comulgas de mágicas ideas

y extiendes  tus alas de luz

 para volar.

Hostiario de metáforas
como un cofre menudo
de un aforo infinito.

Cualquier tarde tu mente de bitácora
sacará de ti, tu tesoro más puro,

que es tu herida abierta de fértil lirismo.
En el pan sagrado de un sueño

comulgaremos de mágicas ideas
redondeadas y mojadas en vino seco
y ebrios de amanecer,

 encontraremos tu palabra victoriosa.
Y te dices pequeño
con toda tu grandeza
de sentimiento inmenso.
Cuando descubres tu tristeza
tu metáfora se parece a mi sed
y tu canto al filo de mi fantasía.
Y si tu risa surge en la quimera
cual poeta, yo la asocio con la fe
que quiere rescatar la poesía.

En el nocturno canto existe algo sublime
como una huella interna proyectada,
como un anhelo de luz, una llamada,
un encuentro fugaz con lo imposible,
un recuerdo, un dolor, una ansiedad,
un amante que lucha contra la vacuidad
un beso, una boca, un deseo, una mirada,
y la total entrega del alma vehemente,
la lágrima que flota o en la nada se pierde,
pero vuelve a la vida para intentar amar

en forma de parábola..

Es con esa misma intensidad, con la que Milagros Hernández se afinca a la certeza y toma los cielos de su urgencia, que es a la vez su propia necesidad de vida, para trasmontar destinos e imaginarse volando, mientras el sol se humilla en su pecho y sus senos victoriosos – jamás agredidos por la ignominia –  flamean para iluminar y hacer feliz a los hijos del futuro. Esos que sólo procrean los soñadores, los inventores del ideal, los poetas enamorados de las nuevas posibilidades del mañana, los desquiciados, los locos de remate y los íntegros de corazón, es decir nosotros.

Nada entonces resulta tan eco de la certidumbre que su propia constatación, que ese semillero de luces que propone, pues cuando camina empuja, pero también atrae, como si fuera un cometa atrayendo en su impulso celestial la fuerza gravitacional de todos los planetas que le son afines. Y también los que no son, pero que al final terminan por reconocerla vital y victoriosa para toda la vida.

Fue la mañana y la noche
del primer día
y la semilla fue sembrada
en el campo fértil,
de los ojos poblados

de pestañas borrachas
y ebrias consonancias.

Yo caminaba y creía volar,
mientras mis entrañas

las acariciaba el viento.

Y se abombaban por los sueños
inducidos y atrapados.

Y una maraquita de filigrana
inventaba en mis oídos
una melodía para el corazón.
Porque nunca fue la hora del llanto,
siempre fue pospuesta
para ese futuro que se aleja siempre,
pues llega en presente
con las manos dulces
sobre una tristeza,
con las manos blancas
sobre una esperanza.
Y no me di cuenta que el segundo día
fue cuando en mi vientre surgió otro universo
poblado con astros
de alguna galaxia.

Es allí en ese nuevo Universo creado por su alma, en donde la palabra abunda generosa. Pero no la que se descuelga de los alisios que mueven las banderas  y que luego decae con la brisa, sino la palabra de un Dios imposible de ignorar, que milita con ella, sabiéndola poeta, en ese oscilar de Planetas que construyen sus versos.


Fue mi primavera de flores ocultas
fue mi primavera que estuvo atrasada.
Y en el día tercero la madre fue padre,
con los senos llenos,
con el vientre acre
escondido en velos de mujer sonriente
novia clausurada,
con las flores vivas y la luna inerte.
Y en el cuarto día la madre fue hermana
en las jugarretas

retozo inocente,

del canto sin voz
y el juicio clonado para aquel dictamen
de amor implantado
sobre la equidad,
del amor tendido en sábanas santas.
Yo caminaba y creía volar
cuando el quinto día fui colonizada
por otro extranjero
que brindaba espejos y cuentos con rayas,
y una lucha inmensa libré
sin espadas,
recobré mis tierras
pero fui marcada.

 Colonizada o marcada, en lucha sin igual o descansadas sus armas, Milagros Hernández Chiliberti demuestra ser poeta de kilates, para llegarnos con una mística que contrasuelea a la tristeza. Pero que a la vez se nutre de sus dilemas existenciales para ponerle motor a la poesía, que como una granada de mano conciben sus esquirlas.


Y en el sexto día fui simple mujer
que creí encontrar,
mi precioso amado,
viendo en el reflejo de mi propia imagen
mi precioso encanto,
que se había escondido de cada mirada
que se había enredado entre mis entrañas.
Disfrutó mi risa y yo sus palabras;
y haciendo un esfuerzo
sobre mi cansancio,
le expliqué mis penas, le explique mis ansias
le entregué mi frente, le entregué mi espalda
acepté su enredo, acepté sus mañas,
bendije su suerte, bendije sus trabas.
Y en la madrugada del día de descanso
no me comprendió mi inquieto quebranto:
yo no era perfecta… a veces fallaba…

El ser humano que la habita, la poluciona hacia arquetipos que le son imprescindibles, para confrontarla con el amor, que en circunstancias de fe oxigena su alma, pero también la llena de avatares. Y es en  ese correveydilismo – por crear un neologismo – que ella  se encuentra con su propia magia, esa que no nace de los efluvios del enemigo complotante, sino de su facilidad genética por concebir horizontes  para sus dilemas de poeta enardecida. Es allí donde Milagros muestra su conmiseración humana y se potencia para llevarnos, sin querer o queriendo, al río de su propia equivalencia, en donde a punta de decires, multiplica.


Se sintió impaciente
y yo diligente,
tuve que entender su alma cerrada.
Comprensión eterna yo le había jurado
y ahora él ya comprende:
pude amarlo tanto.
Yo caminaba y creía volar…
pude amarlo tanto. Pude amarlo más.

Es en ese mástil, o mejor en ese andamiaje estructural de conceptos definidos, que la poesía de Milagros se agiganta. Pero más que esa elevación, se posa en su real sitial, para demostrarnos que el amor lo puede y admite todo; y que cuando es verdadero no importan los misterios aún no descubiertos ni los desvaríos. En ese capitular de sombras es que nace la luz verdadera de una creación diáfana, que ni los más mezquinos podrán ignorar.

Ella es por eso, ese ser que cree en el misterio y esa misma aeda que rompe tableros para que ”los otros” – los que talabartean al costado de la misericordia y aúllan su decoloración marchitados por la muerte – se den cuenta que vuela y que al volar existe y al existir es dueña de todos los fuegos y todos los topacios, del aire de la inmortalidad y la vorágine de todas las palabras que al convertirse en poesía adquieren la nobleza del cielo inmarcesible.

Yo soy ese ser que cree
en el misterio,

ese poeta que sus líneas
abraza,
soy ese pintor que besa
su tela
y en las mañanitas

se declara en celo.

Ese guerrero que nunca
siente la derrota
y a cada segundo vuela,

a cada segundo canta,
a cada segundo sueña,
a cada segundo llora…
Soy ese formato ondeado
de la madre triunfante,
de senos impregnados,
de silla en las caderas,
y  mimos de diamante,
con palabras de profeta
y  manos de alfayate…
Y ese cuadrado sujeto
que a través del tiempo
ha conjugado el amar
en pretérito perfecto,
en presente indicativo
en futuro subjuntivo
y en per sécula inmortal…

Soy insaciable vacío,
ese sepulcral mutismo,
esa intención de caricias,
esa presente confianza,
esa desproporción sensitiva

que se acomoda en el viento,
y que en las tantas noches tristes

se nutre de la inquietud.


Afanoso disfruto
mirando entre chubascos;
como cae la tarde

en el cenit del sol
y no soy ni  la duda, ni tampoco el fracaso
porque en mí canta el cielo

y se hace la luz.
Soy el Orinoco entusiasmado,
jugueteando con la arena,
y  por las piedras bajando

a gemir  en el rosal.

Soy corriente de silencio
que saluda al Magdalena
suspirando en el sendero
del andino firmamento.
Soy hermana del musgo

que se borda entreverado
haciendo puntos de suenan

eco, suspiro y canción.

Soy por ello el libre verso
que no lo ancla la duda
soy el tropo circunspecto
de la sombra matinal
el fuerte grito del cielo,
que labra los pensamientos,

la magnolia de los valles,

el ichu del manantial.
Pero puedo ser del llano
el arpa en noche de luna
y las coplas ir rimando
en la paz del papayal.

Soy el Salto Ángel cayendo
como cascada inclemente,
y voy puliendo las piedras

como se agranda mi cuenca

Mientras proyecto el sonido
de mi manto cristalino
en un viaje a las estrellas

me nutro de sol y grana;
soy el milagro que sueña
con el Niágara divino

y en las aguas que revientan

me fortalezco de paz. 

 La venezolana nos muestra en la intensidad de sus versos que no vive solamente; que en su “estar” todo lo enerva y confidencialmente gratifica, para que el mundo pueda asistir al ceremonial de su abordaje delirante. Porque el amor sentido delira y se contagia, hace de sus conciliábulos una oportunidad para que el corazón se entrene en la alegría. Pero también en la pasión de los amantes.

Oblicua en la madrugada, suelto mis redes al aire
y en el océano del sueño me quedo a vivir mi paz
y pájaros navegantes proclaman su amor al viento
y sumo recuerdos gratos en ese seis sin final.

Lanzo ahogadas señales cronológicas y eternas,
y me vuelvo la clepsidra que anuncia la hora al mar.

Todo es azul y es intenso, en el oráculo de Delfos

y en la cabaña afanosa de mi corazón la vida

estrena una palabra nueva

que acompañe al verbo amar.

Es en ese “amar” que la obra de Milagros Hernández Chiliberti se ilusiona y potencia generosa. La ilusión abre sus alas a la benignidad de la entrega incondicional y ella termina siendo ofertorio para el amor más protagónico. Sobre esa base irrumpe una poesía que tiene altura y también los colores del célico arco iris y esa intensidad que hace amainar los vientos y da al corazón el beso de la vida.


Carlos Garrido Chalén
Premio Mundial de Literatura “Andrés Bello”
      Version Poesía 2009, de Venezuela
     Presidente Ejecutivo Fundador de la
  Unión Hispanomundial de Escritores. UHE

CRISTINA DE LA CONCHA: HISTORIA DE UNA PERDIDA

CRISTINA DE LA CONCHA:

HISTORIA DE UNA PERDIDA

Hay una paradoja divina, que sostiene, que si bien el Universo no es, sin embargo es, porque la verdad tiene dos polos:  uno absoluto y otro relativo

Sobre ese margen inacabable, mezclando la realidad con la fantasía, juntando la paja con el trigo, la ilusión con la desesperanza, pero también con la alegría por la vida, ha ido creciendo la obra impetuosa, transida de fe y de mañana, de coraje y de ternura,  de la escritora mexicana Cristina De La Concha.

No importa que el Universo sea pura ilusión, una irrealidad y la más pura fantasía – y si nosotros somos seres armados por esa paradoja que nos define el alma- , si en esa creación mental del Todo, el sueño puede ser una fantasmagoría, un juego de niños pintando el arco iris, pero también esa vida que se declara para consagrarse, porque es el verbo creador, definidor de todo lo existente. Al final, así se hizo el Cielo y la tierra. Así se diseñaron los montes y se le puso color a las magnolias y petunias. 

Dios se paró en una esquina y vio que el maremágnum se había convertido en violácea mariposa. Miró arriba y los Planetas aplaudieron su obra majestuosa. Desde ese entonces, se nos ha dado a los poetas y escritores la potestad de ser pequeños hacedores desde el curcuncho confín de las edades. Y es por eso que como en el Kybalión, hablamos del mundo como un sueño, que va y viene, que nace y muere, y que como es finito e insustancial, prorrumpe en gritos y a veces enmudece.  Porque desde el punto de vista absoluto, nada hay real excepto ese todo en el que las irrealidades son su mejor y más creativa fortaleza.

En “Historia de una perdida y otros cuentos” de Cristina de la Concha, no hay seguramente esa búsqueda contradictoria de lo finito y lo infinito, aunque en el fondo de su espíritu cavilan las  más estentóreas fantasías, sino una prosa poética y una poesía prosista, que sabe qué hacer con el ritmo de la vida, que se conduele en el fragor consuetudinario de una sociedad, que para engañarse  sí misma, procrea paradojas y entelequias y hasta lenguajes preñados de sinceridad y de dolor, para juzgar el propio amor, el engaño permisivo, la entrega consoladora, la hipocresía más perturbadora. Porque en ese ocaso y en ese acoso axiomático, sistémico, lleno de concomitancias, nadie sabe  para quien trabaja y es un burdel la vida misma, porque siempre nos lleva al final, al caos, o a la muerte.

Cristina De la Concha, tiene un territorio que demarca con su savia y con su sangre, con sus palabras y con sus locuras. Con ese temperamento generador de traductora creativa. Porque sabe hacerle fono mímica a lo contextual, a lo emblemático. Se sube al puente de su concupiscencia, y desde allí patea todos los tableros, rompe todos los cánones, se enfrenta a todas sus posibles imprudencias e inequidades. Porque se sabe cabal  y también conoce que sólo los íntegros heredarán el reino de las gratitudes.

 

Sabe escribir y cuando lo hace vuela. Sabe volar y cuando flota, en el éter, dibujando palabras en las nubes donde bromea el águila, le escribe a todas las evidencias posibles, y  hasta a la sombra de sus más emblemáticas manías. Seguramente convencida, que en esa loca manera de ser De La Concha, es posible hablarse de tu con todas las aquiescencias, con todos los esplendores, con su más rigurosas fantasías. Porque en ellas vive como ermitaño, el sumun inspirador de sus cuentos tormentosos, la luz azul celeste de esa aurora frenética que todas las mañanas la despierta, para mostrarle lo que nos trae el día.

Me gusta por eso Cristina De la Concha,  su engranaje, su fiesta interna, los abedules que emergen de sus cantos generosos. Su voz ditiràmbica y los paisajes que pinta con sus verbos elocuentes. Me gusta ella toda, aunque la suya parezca la historia de una perdida.

 


      Carlos Garrido Chalén
Premio Mundial de Literatura “Andrés Bello”
      Version Poesía 2009, de Venezuela
     Presidente Ejecutivo Fundador de la
  Unión Hispanomundial de Escritores. UHE

ARNULFO MORENO RAVELO: EN EL AZULINO VERDE PASTIZAL DE LA MAÑANA

 

 

ARNULFO MORENO RAVELO: EN EL AZULINO
VERDE PASTIZAL DE LA MAÑANA

 

Herbert Marcuse, repitiendo a Freud, decía que la historia del hombre, es la historia de su represión; que es la cultura la que restringe no sólo su existencia social, sino también la biológica, y no sólo partes del ser humano, sino su estructura instintiva en sí misma; pero que, sin embargo, tal restricción es la precondición esencial del progreso. Para el autor alemán, que tuvo a Husserl y a Heidegger como maestros en Brisgovia, aplicando la fenomenología a las cuestiones ontológicas e indagando sobre el ser en sí mismo, después de Hegel, el Eros incontrolado es tan fatal como su mortal contrapartida: el instinto de la muerte.

Marcuse sostenía en su obra “Eros y civilización” que las fuerzas destructivas del Eros, provienen del hecho de que aspira a una satisfacción que la cultura no puede permitir: la gratificación como tal, como un fin en sí misma, en cualquier momento; y que por esa razón los instintos deben ser desviados de su meta, inhibidos en sus miras. La civilización empieza, según él, cuando el objetivo primario, o sea la satisfacción integral de las necesidades, es efectivamente abandonado.

El abogado, poeta y escritor pallasquino Arnulfo Moreno Ravelo, no cree como Marcuse, que los impulsos animales se transformen siempre en instinto humanos bajo la influencia de la realidad externa. En su obra “La aurora natural”, que es un ensayo prodigioso del naturalismo expresivo que él mismo ha inventado, no entra a las disquisiciones metapsicológicas que atormentaron al pensador alemán, pero en sus “entreabiertas burbujas sueltas teñidas de arrebol”, logra sin querer demostrar que los instintos del hombre están a favor su naturaleza antes de que la cultura los mimetice y transforme y también los reprima.

Para Moreno Ravelo, “la vida, sólo es un color licuado de arte”, enfrentando “los duros contratiempos del rayado destino” (“el amarillo contenido del trigo partido, esparcido debajo de la sombra”, “cuando repintando el alba, en cada rayo se agranda la esperanza”.

En su obra monumental, de la que podrían salir diez libros sucesivos más “como una sombra alargada de abismo”(“sobre la nitidez de la mañana quisiera escribir mi deseo de amarte y acariciar la brisa con las manos encrespadas del tamaño del mundo”)(ahora que “el sol ha hecho su tiempo circular de ausencia), el ancashino nos abruma con esa voluntad de entregarse sin devaneos a la generosa descripción de una naturaleza que está allí, a tiro de piedra, al alcance de todos, pero que sólo personas sensibles como él, logran describir, con la luminosa aquiescencia de un poeta genuino.

“Como un libro abierto en la tierra sembrada”, Moreno Ravelo nos lleva hacia límites impredecibles, aunque a veces “en el grosor del silencio, rayado al borde de la luz de aurora, se va parchado de sufrimiento al precipicio” y “en la última cuadra diseñada del olvido” aquieta su emoción “en el completo cero de la nada” (“como péndulo de campana sobre la cuesta dolorosa de la tierra”, “como un camino fallecido a la distancia”.

En “Aurora Natural” un ensayo poético, que coloca a la naturaleza como principal protagonista, no hay “esa luz apagada de cementerio que termina en el fondo del abismo”, sino un amor “levantando el estallido del ajuste”, por los colores y las formas de la vida que se percibe en el cielo y en la tierra, en “el empezar del color manuscrito de la rosa”.

“Como un abierto mundo en una herida”, el poeta va a sus fuentes de inspiración, con absoluta dignidad, a veces “sin advertir la insonoridad del ruido”(“mientras por sobre los surcos del rostro envejecido, en color de tempestad se descuelga la paciencia”, “la benevolencia nublada del viento”, ”el sol de plata mirando de costado dispuesto a hundirse en el aire frio de la cumbre”) o que “una luz violeta de tono apagado endurece la voluntad de las cosas” positivas.

“En donde la luz coagula como una lágrima de cristal” “tantas bocabajadas alegrías” el poeta y escritor, abogado por añadidura, observa “por la rendija de la puerta del día” esa alborada “volteada de luz” que “besa el alba” aunque gima la tierra y las nubes tomen distancia con la vida y termine “desmoronándose de universo” y “el cielo desatándose” de dudas.

Moreno Ravelo sabe su oficio, y por eso puede ver con los ojos del alma, “las aberturas del cielo, dilatándose en sus lumbreras y en el cóncavo asombro” de su canto.(“delicadamente cincelado de una prudente y sincera eternidad”, allí donde “el firmamento cuelga como una gota de agua seca” y “el despuntado amanecer asciende y desciende desbocado y regañón”, inmotivado.).

Cuando él dice: “la luna alejadamente voló hecho un cristal de plata destruida. Esa abandonada paciencia de caminos” “como un cubo inclinado en la lejanía, sostenido en el deletreado ángulo del tiempo” o cuando describe “las amplias oscuridades de contratiempo, cubriendo irremediablemente los cerros desganados” (“cuando se impone el instinto, los caminos no comienzan ni terminan”), no es empujarnos disimuladamente (“de abierta rosa se perfuma la sombra) adonde “la anónima oscuridad no llega, sino mostrarnos su visión de profeta y peregrino (“te das cuenta, que te hace falta un paso menos de retroceso en la mirada”, ”calando hasta el escapado profundo se riega de frío el sabor amargo”, “delgado de amo”, sobre “el vacío en redondel del miedo”, “envuelto de olor a incienso de un domingo”, “enmudecido de lejanía, en voltereta de horizonte”” la tarde va cayendo a plomo sobre el lomo de la horizontal tristeza”).

Arnulfo Moreno Ravelo sabe “agujerear la forjadura del pasado” y que “batiendo su destello de hoja al aire perdido de cuesta se llega al firmamento” y en “puntillas de aurora”, “vestido de vida” “cargado de viento” “aprovechando la exterioridad soltada de alguna empezada partitura” se deslinda “desclavado de amanecida”, para mostrarnos “la profundidad del firmamento” (“rascando el blanco cerezo del cielo”), esa “cristalina casa del alba” – “tendida el agua”, “la luna arrimada a un costado de la altura” – en la que la “luz descollada de aurora se define.(“nada ha demostrado la contrariedad del polinomio, menos la sepultura del factor recuerdo”).

Y “en las entradas y salidas” de esa travesía, – “en la sensación del resultado” -“rodando por la fría oquedad de los salientes”, “removiendo el aire bajo el puente”, “asomado al centro del reencuentro”, él –“teñido de retirada” -define los contornos vivenciales de una literatura noble, permisiva que se nutre de la propia vida ( no importa que “sobre la sequedad de los campos estén distantemente desunidos los abismos”; y que “como un oloroso membrillo de antigua planta”, “el sol bruña las ennegrecidas piedras, penetre en los escarpados cerros y repose en las faldas de las cumbres que se elevan hasta el cielo”). No importa que “las ideas se enreden con el viento” y “encorve de azul el firmamento”.

 

      Carlos Garrido Chalén
Premio Mundial de Literatura “Andrés Bello”
      Version Poesía 2009, de Venezuela
     Presidente Ejecutivo Fundador de la
  Unión Hispanomundial de Escritores. UHE

PALABRAS DE AGRADECIMIENTO PARA LOS AMIGOS Y HERMANOS DE LA UHE

PALABRAS DE AGRADECIMIENTO 

PARA LOS AMIGOS Y HERMANOS DE LA UHE

La lealtad, es una obligación de fidelidad que un sujeto le debe a alguien que presume cercano a su alma y su corazón. Consiste en nunca darle la espalda o meterle el puñal de la traición, ni asumir con él una posición cercana a la indiferencia o al desprecio, cuando entes adversos pretenden cercarlo. La lealtad premia a las almas nobles y caracteriza a los que gozan de un buen corazón y de grandes valores.

Por eso quiero agradecer a todos los amigos y hermanos, que en los momentos más difíciles de la historia de la Unión Hispanomundial de Escritores (UHE), nos han demostrado su lealtad y jamás sucumbieron ante el fácil, pero oprobioso recurso de la traición, que caracteriza a los infames.

Ninguna malévola historia fraguada para desprestigiarnos o hacernos caer en el oprobio, ha podido en tales circunstancias, mermar el gran prestigio alcanzado por la UHE en el consenso de la literatura mundial. Somos los primeros, con un Portal Literario exquisitamente confeccionado, calificado como uno de los mejores del Planeta y con hombres y mujeres de gran arraigo y talento que nunca se dejaron llevar por la intriga maliciosa o la adjetivación hiriente en el trato a otros hermanos. Porque siempre han estado los amigos y hermanos leales, para sostener la bandera victoriosa de la integridad moral que poseemos,  aunque no lo acrediten los atizadores del odio.

¿Qué no nos han dicho nuestros gratuitos enemigos y sus ayayeros ventriculados apocalípticos,  para  hacernos aparecer  en supuestos festines de odio en los que nunca hemos estado?. Pero jamàs contestaremos con su mismo lenguaje ni descenderemos al nivel de la ofensa antifraterna. Nunca pisaremos el palito ni caeremos en la procacidad de maltratar a ningún ser humano en razón de alguna discriminación innoble, ni nos bajoneará jamás la envidia traicionera. Eso queda para los mediocres y los miserables, que son gasolineados por el infierno. Y saben por què?.

Porque sabemos que la maldad derrumba tarde o temprano a quien la practica, estando a que la maldición siempre llega con causa.

Somos una asociación cultural mundial de amigos y hermanos entrañables, sin fines de lucro. No creamos la UHE hace veinte años para hacernos ricos, inclusive, algunas veces pasamos grandes dificultades para pagar nuestras páginas cibernáuticas, porque no somos mercaderes de la literatura y a nadie le pedimos ni siquiera un estipendio para permaneceré en nuestra Casa. Los hermanos encabezados por Milagritos Hernández Chiliberti, que administran sacrificadamente nuestros blogs no cobran ni siquiera un céntimo, pero reciben a cambio ese amor que todos les damos. El que no es leal jamàs podrá estar entre nosotros, sentirá que tiene que salir de aquí, porque el oxígeno que nosotros respiramos nace del alma virtuosa de personas como ustedes que entregan su vida diariamente, a cambio de nada, y ellos respiran veneno.

Yo seguramente soy el màs imperfecto de los mortales. Y en efecto tengo muchos defectos, que a Dios pido me ayude a superar. Diariamente me arrodillo para pedirle al Altísimo misericordia. Pero tengo un corazón que jamás ha sucumbido ante la injusticia y la banalidad. No digo que ayudo a mucha gente, porque lo que hace mi mano derecha no lo debe saber mi mano izquierda. Pero trabajo desde que el Todopoderoso alumbra mis mañanas por mis ideales y mi gente, como abogado, como periodista, como poeta, como escritor, como ser humano. Y allí están mis treinta libros publicados que alguna vez hablarán aquí o allá por mí, para celebrar la vida.

Gracias por eso queridos amigos por ese inmenso amor y lealtad que ustedes han acreditado a mi favor y  a favor de la causa maravillosa de ésta Unión que nos convoca. Porque nunca permitieron que los golpes feroces y arteros de los enemigos, me llegaran. Por eso gozo de buena salud, mientras ellos languidecen víctimas de sus intrigas maledicentes y se revuelcan en el cieno de sus anárquicas y procaces malevolencias. Nosotros estamos aquí cada vez más fuertes, más unidos, más honrados de ser como somos, más entregados a la causa de la literatura y la paz y conscientes de que seremos cada vez mejores.
Los amo inmensamente. Gracias por vuestra solidaridad, por esa lealtad incompatible con la traición de los perdedores.

      Carlos Garrido Chalén
Premio Mundial de Literatura “Andrés Bello”
Version Poesía 2009, de Venezuela
Presidente Ejecutivo Fundador de la
Unión Hispanomundial de Escritores. UHE

LA POESÍA

LA POESÍA. EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA

La poesía está aquí y está allá y es cielo y es montaña. Posiblemente la pueden ver los ciegos en sus urnas oscurecidas por la noche, porque hasta la oscuridad le canta y con seguridad los que en la luz definen sus proclamas, la ven estableciendo pacto con los colores del espectro. La poesía alumbra y nos deslumbra, nos abre caminos para un despertar glorioso, y nos ayuda a creer en el amor y en la ternura. Sin poesía todo sería caos. Fue inventada por Dios como una forma de exteriorizar sus conceptos sempiternos y nos ha dado a los hombres la capacidad de amar, para en ella descubrir el cielo que llevamos dentro.

Por eso, en este día los abrazo a todos con todo mi amor inacabable: a todos (los que me aman y los que me odian), porque es necesario, a partir de la poesía que creamos, empezar a crear un mundo nuevo.

     Carlos Garrido Chalén
Premio Mundial de Literatura “Andrés Bello”
      Version Poesía 2009, de Venezuela
     Presidente Ejecutivo Fundador de la
Unión Hispanomundial de Escritores. UHE

EN EL SÉPTIMO DÍA DIOS TERMINÓ LA LABOR QUE HABÍA EMPEZADO

EN EL SÉPTIMO DÍA DIOS TERMINÓ LA LABOR QUE HABÍA EMPEZADO

Del Poemario “Un ángel en el Edén”

Génesis 2

1   Concluyéronse, pues, los cielos y la tierra y todo su aparato, 2   y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera. 3  Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho.  4   Esos fueron los orígenes de los cielos y la tierra, cuando fueron creados. El día en que hizo Yahveh Dios la tierra y los cielos, 5   no había aún en la tierra arbusto alguno del campo, y ninguna hierba del campo había germinado todavía, pues Yahveh Dios no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre que labrara el suelo. 6   Pero un manantial brotaba de la tierra, y regaba toda la superficie del suelo. 7   Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente.

 Oteando vigilante

                   el ritmo de las aguas,

                   Dios dio al Patriarca

                   la herencia

                   de sus cántaros;

y sobre la cumbre de los collados

                   lo convirtió

                   en diadema santa.

Con el rocío del cielo

                   y las grosuras de la tierra

                   celebró su nombre.

Flor de almendro

                   y  madera de  acacia

                   usó

                   para aromar la tierra;

                   y  le dio su atavío de hijo

                   insobornable.

Un tul riguroso

                   fue tendido

                   sobre el ardimiento

y en el zaguán turbado

                   de la noche

                   diseñó la tarde.

Del polvo de la tierra

                   hizo el acíbar

y en la pendencia

                   acantonó la risa.

Saciado, ahíto,

                   acaudilló  el nacimiento

                   del primer ser

                   y en su coronta

                   se avivó el chubasco.

Le insufló en su nariz aliento

                   y resultó el hombre

                   un ser viviente.

No hubo felizmente

                   reproche

                   en el apeadero

                   ni apostura de subversión

                   en el meandro.

Adán se maravilló entonces

                   de todo lo que su  mirada

                   registraba,

y le encantó el verde

                   de la adormidera

                   y el amarillo

                   del azafrán

                   en el boscaje.

Le fascinó la apostura salvaje

                   de las aguas

                   que danzaban

                   convertidas en río

                   y serenata.

Dios lo diseñó

                   con 206 huesos

                   y 650 músculos

                   sobre el alma:

un pectoral, un deltoides,

                   bíceps, tríceps y cuadriceps,

                   músculos extensores y flexores

                   un sistema nervioso:

                   el encéfalo,

                   la médula espinal

                   y los nervios de oro puro

                   de un amante.

                   Le distribuyó

                   por todo su ser

                   venas, arterias

                   y vasos capilares

                   pulmones para respirar

                   y una digestión

                   para sembrar

                   puquiales.

Un aparato excretor

                   y un sistema

                   inmunitario,

                   glándulas

                   para producir hormonas

                   y una herramienta

                   sexual

                   incomparable.

         Carlos Garrido Chalén
Premio Mundial de Literatura “Andrés Bello”
Version Poesía 2009, de Venezuela
Presidente Ejecutivo Fundador de la
Unión Hispanomundial de Escritores. UHE

TOLERANDO A LOS INTOLERANTES

TOLERANDO A LOS INTOLERANTES

    

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, teniendo presente que  la “paz debe basarse en la solidaridad intelectual y moral de la humanidad”, y recordando que en la Declaración Universal de Derechos Humanos se afirma que “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión” (Artículo 18), “de opinión y de expresión” (Artículo 19) y que la educación “favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos” (Artículo 26), ha sostenido que  la tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, nuestras formas de expresión y medios de ser humanos; anotando que la fomentan el conocimiento, la actitud de apertura, la comunicación y la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Y es que la tolerancia consiste y debe entenderse como la armonía en la diferencia y no sólo constituye un deber moral, sino además una exigencia política y jurídica. Hace posible la paz y contribuye a sustituir por ella, la cultura de guerra. No es lo mismo que concesión, indulgencia, perdón o condescendencia, pues ante todo, es una actitud activa de reconocimiento de los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los demás. En ningún caso puede utilizarse para justificar el quebrantamiento de esos valores fundamentales y deben practicarla los individuos, los grupos y los Estados. En ingeniería y diseño, la tolerancia es el margen de error admisible en la fabricación de un producto. En medicina, la reducción de la respuesta del organismo a los efectos producidos por una sustancia determinada (la tolerancia inmunitaria es la ausencia de respuesta del sistema inmunitario frente a un antígeno). La tolerancia social es el respeto hacia ideas, creencias o prácticas cuando son diferentes o contrarias a las propias, y la responsabilidad que sustenta los derechos humanos, el pluralismo (incluido el cultural), la democracia y el Estado de derecho. Supone el rechazo del dogmatismo y del absolutismo y la afirmación de las normas establecidas por los instrumentos internacionales relativos a los derechos humanos. Jamás tolerar la injusticia social ni renunciar a las convicciones personales o atemperarlas. Toda persona es libre de adherirse a sus propias convicciones y acepta que los demás se adhieran a las suyas. Aceptar el hecho de que los seres humanos, naturalmente caracterizados por la diversidad de su aspecto, su situación, su forma de expresarse, su comportamiento y sus valores, tienen derecho a vivir en paz y a ser como son. Pero sin imponer sus opiniones a los demás, como pretenden muchos políticos de mala funda.

 

Carlos Garrido Chalén

(*) Premio Mundial de Literatura “Andrés Bello” de Venezuela.

Presidente Ejecutivo Fundador de la UHE